domingo, 10 de mayo de 2015

HOMBRES BUENOS, Arturo Pérez-Reverte






Que conste que soy muy seguidor de AP-R del que creo haber leído todo lo que ha escrito, libros de artículos incluidos. Pero a estas alturas te enfrentas a la nueva novela del autor cartagenero con la sensación que tienes al ver jugar a un gran futbolista ya veterano: que sabes que no lo hará mal, pero del que eres consciente de que sus mejores partidos ya los ha disputado. Y eso precisamente es lo que es Hombres buenos, una buena novela que no defrauda pero que no estaría de ninguna manera entre las 5 (o 10) mejores de Pérez-Reverte. Eso sí, infinitamente superior a la broma de mal gusto que supuso El Francotirador paciente, su anterior publicación.

¿A qué me refiero con lo de una buena novela? A que Pérez-Reverte vuelve escribir sobre lo que mejor le sale. Hombres Buenos es la aventura de unos académicos de la RAE del siglo XVIII que intentan llegar a París para adquirir una copia de la Enciclopedia Ilustrada, publicación desconocida y arcana en la España de Carlos III. Y como en toda buena novela del género que se precie habrá buenos, malos, villanos, aventuras...

La estructura es curiosa. El autor mezcla presente pretendidamente real y pasado de ficción; a la vez que va narrando cómo investiga en la RAE y entre sus académicos la adquisición de los volúmenes de la Enciclopedia y explica cómo se documentó para el periplo de los viajeros, nos cuenta la aventura de éstos. Una sospecha: se habrá inspirado en el descomunal HHhH de Laurent Binet? Porqué la estructura de metaliteratura es la misma, aunque la diferencia entre los dos libros es bastante notoria.

En resumen. Buena novela de entretenimiento bien planteada y bien escrita (aunque à la Reverte ojo, adjetivos, adverbios y descripciones por doquier) que no defraudará a los seguidores de AP-R (como yo) pero que puede aburrir al no avezado.

EL LECTOR DEL TREN DE LAS 6:27, J.P. Didierlaurent





Seguro que alguna vez os habréis topado con un libro que os ha parecido tremendamente original en sus primeras páginas. Y seguís adelante con interés por eso de "a ver por dónde va evolucionando esto". Pues eso es lo que me pasó con El lector del tren de las 6:27 de Jean-Paul Didierlaurent. El problema es que esa sensación se fue diluyendo poco a poco al ir pasando las páginas. Una lástima.

Y es que parece que el autor no pueda controlar toda la originalidad que propone. Narrada con un ritmo ágil, la novela nos presenta a un joven gris y solitario de nombre imposible que cada mañana, en el tren que le lleva al trabajo, lee el fragmento de un libro en voz alta. Poco a poco vamos sabiendo más del protagonista, de su curioso trabajo (lo mejor del libro, una intrahistoria muy potente) y de una variopinta galería de personajes que se van cruzando con él. Hasta ahí muy bien. El problema es que cada personaje tiene su historia y que el autor intenta desarrollarlas todas, perdiéndose la buena trama que prometía al principio y convirtiendo la novela en una colección de vidas cruzadas más o menos enlazadas por el hilo conductor del protagonista. Pero en su conjunto se trata de una novelita original, divertida y recomendable para los que disfrutaron con libros como La Elegancia del Erizo de Muriel Barbery o como La vida instrucciones de uso de Perec por ejemplo, aunque a este último no le llegue ni a la solapa.

La novela, primera del autor tras varias colecciones de relatos, ha sido un exitazo editorial en Francia, se ha traducido a 25 idiomas y ya se prepara la adaptación cinematográfica correspondiente. Estaremos atentos.

martes, 5 de mayo de 2015

UN OTOÑO ROMANO, Javier Reverte






Javier Reverte se nos está haciendo mayor. En anteriores libros habíamos viajado con él por toda África, por las selvas amazónicas, por los ríos de Alaska o incluso por el Océano Ártico, pero lleva ya dos libros contándonos unos viajes más "domésticos". Aunque curiosamente, tanto el anterior en el que paseaba por los pueblos de Irlanda como este Otoño Romano son de los que más me gustan de su extensa bibliografía viajera.

Y es que si este Otoño Romano no es el mejor libro de Javier Reverte, poco le faltará. Está escrito a modo de diario aprovechando unos meses de estancia en la capital italiana gracias a una beca y en él sigue los pasos de viajeros que antes de él escribieron dietarios romanos, en especial los de los apasionados románticos Goethe y Stendhal (el del síndrome). Lo que Reverte no ha variado es la estructura del relato, sigue fiel a su modo de explicarnos el lugar; así, mientras pasea por plazas, calles o museos nos va explicando la vida y milagros de los que pasaron antes por ahí. Y eso en una ciudad como Roma da para mucho explicar.

Vale, lo confieso: Roma es una de mis ciudades favoritas así que el libro tenía mucho ganado incluso antes de comenzarlo. Pero me ha gustado mucho el tono reposado de los paseos del autor por plazas y callejuelas, cómo se extasía ante los monumentos, sus recomendaciones gastronómicas (variadas y siempre fuera de los circuitos turísticos) y, por supuesto, las historias de los personajes históricos, gran parte de los cuales dan para una novela por ellos mismos.

Quedamos a la espera del próximo destino del gran Javier Reverte.