sábado, 24 de enero de 2015

EL MARCIANO, Andy Weir


Hacía tiempo que andaba desconectado del género de la ciencia-ficción. De hecho, y salvo honrosas excepciones (me viene a la cabeza El cálculo de Dios, de Robert J Sawyer únicamente) todos mis intentos en los últimos años para reencontrarme con el género habían resultado más o menos un fracaso. Hasta que me topé con El Marciano, del ingeniero  y novelista Andy Weir.

El Marciano tiene una intrahistoria curiosa: fue concebida como una serie de entregas en la página web de Weir a modo de ensayo novelado sobre el estado de las investigaciones en Marte, intentando ser lo más científicamente precisa posible en cuanto a ingeniería, botánica o química. De ahí saltó a Amazon y más tarde, y debido a su rotundo éxito, a publicarse en forma de libro tradicional, ya más novelado.

Y es que El Marciano es una muy buena novela del subgénero de CF puro, ya sabéis, con naves, planetas y todos los elementos clásicos. Cuenta la historia de un ingeniero que, por accidente, es dado por muerto y abandonado en la superficie marciana por su expedición y tiene  que ingeniárselas para sobrevivir el mayor tiempo posible. Está narrada en forma de diario y recuerda por su paralelismo a las novelas clásicas de aventuras de náufragos en islas desiertas. Y en ese aspecto el ritmo y la tensión y el "qué pasará" son impecables. Día tras día vamos viendo los esfuerzos del protagonista por adaptarse y sobrevivir hasta que llegue una hipotética misión de rescate. Además, está narrado con un sutil sentido del humor que la hace aún más atractiva.

Si algún pero hay que ponerle sería el excesivo número de detalles científicos, de ingeniería o de química altamente especializados, (recordemos el origen del del relato), algunas veces llegando a ser incomprensibles, al menos para mí, y que a veces se extienden por páginas enteras y pueden lastrar el ritmo de la lectura.

Por último decir que está a punto de estrenarse una superproducción de Holywood basada en el libro dirigida por Ridley Scott. Consejo: no cometáis el error de curiosear en el reparto porque si no les pondréis las caras de los actores a los personajes inevitablemente, como me pasó a mí.

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