martes, 15 de febrero de 2011

Cómo NO escribir una novela (I) El principio.


Recientemente ha llegado a mis manos un libro de creación literaria, o más bien de anticreación literaria, porque de eso se trata, de señalar los errores más habituales que cometen los aspirantes a escritores. Y dado que me parecen unos consejos muy útiles y prácticos, iremos resumiendo algunos de ellos a lo largo de varias entregas.
La de hoy, y por ser la primera, está dedicada a lo que no hay que hacer al iniciar una novela.

- El principio es demasiado endeble.
A veces lo que interesa al autor no es de interés para el lector: lo que estamos hartos de explicar a los amigos o familiares, o los quehaceres habituales de nuestro trabajo tienen (normalmente) poco de novelesco y pueden lastrar el resto del relato.

- La historia no empieza nunca, o la Sala de Espera.
Ejemplo: el protagonista se pasa las 50 primeras páginas mirando por la ventanilla de un tren, viendo las afueras de una ciudad pasar y recordando algún episodio oscuro de su infancia. A estas alturas, el lector tendrá la funesta sospecha de que todo lo que ha leído no será de ninguna utilidad en la trama.

- Un despegue demasiado largo.
Si nuestro protagonista va a ser un hombre de mediana edad, es innecesario empezar explicando la historia de cuando tenía cinco años, seguir con un conflicto sufrido a los quince y explicar luego un episodio de cuando cumplió los veintiseis. Vale más empezar directamente con una escena clave para la trama o para el protagonista.

- El lector se despista o el Chicle en la Repisa.
Una regla de oro: cada uno de los detalles que aparezca en los primeros pasajes de la novela tiene que ser de utilidad en la trama de la misma. El lector estará pendiente de un chicle en la repisa que hayamos descrito en el primer capítulo; si no pasa nada con él ni se hace mención posteriormente, se sentirá estafado.

- Los problemas del personaje quedan sin explicar.
Una variante del error anterior: los problemas y conflictos del protagonista, así como los de todos los personajes secundarios deberán quedar resueltos a lo largo de la novela. Por tanto, más vale ajustar el presupuesto y no crear demasiadas subtramas de salida que no seamos capaces de resolver.

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