lunes, 14 de enero de 2013

"Nueve libros maravillosos para un año de mierda"

Los chicos de Jot Down Magazine, la revista cultural "cool" por excelencia, ha confeccionado una lista con nueve ideas literarias para 2013 que me parece interesante y curiosa. Es más, es bastante probable que más de uno caiga. El artículo lo firma Toni García Ramón y lo transcribo:

The signal and the Noise: The Art of Science of Prediction, de Nate Silver

Hace unos meses en la revista Hollywood reporter podía leerse un breve sobre el tipo al que todos persiguen en la meca del cine. Su nombre era Nate Silver y era, sorprendentemente, un estadista. A Silver la fama le persigue desde que en 2008 fuera capaz de acertar (solo tuvo un error) los resultados de las elecciones estadounidenses, estado por estado. Eso y su blog en el New York Times le convirtieron en un hombre célebre en los círculos de la política. Ahora, después de la publicación del su primer libro, The Signal and the Noise (si no estoy mal informado Destino publicará el libro en español en 2013) le desea todo el mundo. En el (magnífico) libro Silver expone —de manera harto entendible— su método de trabajo, los modelos predictivos que utiliza y —sobre todo— porque cuando mas desconfiemos de nuestra capacidad para adelantarnos a lo que va a suceder más posibilidades tendremos de predecir el futuro (en una especie de simbiosis muy sui generis con lo que el profesor de Ciencias de la Incertidumbre Nassim Nicholas Taleb afirmaba en el El cisne negro). Solo el capítulo 9 (Rage against the machine) donde Silver cuenta la batalla ajedrecística hombre vs. máquina que ha recorrido la humanidad desde 1770 hasta la actualidad vale el precio de este libro… incluso para aquellos que —como un servidor— consideran las matemáticas un mal necesario.
 
 
The mansion of happiness: A history of life and death, de Jill Lepore

Sir Francis Bacon hablaba en The history of life and death del viaje que el hombre recorre desde el momento de su nacimiento hasta el instante en el que la parca le da la extremaunción. Jill Lepore, historiadora, se propone hacer lo mismo en The mansion of happiness. Pero allí donde Bacon abordaba los grandes interrogantes, Lepore se agarra a los detalles que a veces pasan desapercibidos pero que resultan claves para encontrar respuestas. Los que sean lectores habituales de la revista New Yorker conocerán a Lepore por su delicada prosa que no logra esconder ni un ápice de su contundencia (el glorioso capítulo de este, su último libro, donde relaciona el hecho de amamantar con el crecimiento de la democracia debería ser materia obligatoria en las escuelas) ya sea hablando de las erecciones, los libros de sexo, sus experiencias como madre novata, sus reflexiones sobre el matrimonio o sobre el moderno concepto de felicidad. La autora, incisiva, con un sentido del humor a prueba de cabezones y con un bagaje cultural demoledor vuelca en The mansion of happiness una visión de la vida… distinta. Simplemente, distinta.
 
Mortalidad, de Christopher Hitchens

Tocacojones por excelencia, polemista de nacimiento y borracho por elección propia, Christopher Hitchens se despedía del mundo sin necesidad de enarbolar la bandera blanca o de abrazarse a sus enemigos. Genio y figura hasta que el maldito cáncer lo agarró del cuello, se ha hablado tanto y tan bien de Hitchens que tampoco es necesario insistir, pero al menos digamos que en un universo donde está mal visto ser coherente a este británico (al que le reventaban Kissinger, el Papa, la madre Teresa de Calcuta y Noam Chomsky) no se le puede reprochar nada. Nada de nada, ni en sus metidas de pata. En Mortalidad relata su lucha contra ese enemigo invisible que se le come por dentro (“al día siguiente me desperté con la sensación de estar encadenado a un cadáver”) y sin perderle nunca la cara al mundo. Como muestra un botón: Hitchens llamó un día a su editor en Vanity Fair (revista en la que se sometía a experimentos varios en nombre del periodismo) para decirle que quería que le sometieran al waterboarding (ahogamiento simulado). Después de sufrirlo declaró: “fue peor cuando me depilaron”.
 
La liebre con ojos de ámbar: Una herencia oculta, de Edmund de Waal

Para hacer algo como lo que ha hecho Edmund de Waal en La liebre con ojos de ámbar solo se necesita un árbol genealógico descomunal (la palabra está escogida a conciencia), ganas de contarlo y un montón de talento. Bueno, eso y unos doscientos Netsuke, unas esculturas en miniatura que aparecieron por primera vez en el Japón del siglo XVI. Los Netsuke —quién diría que podían ser un catalizador tan maravilloso— cuentan la historia de la familia de De Waal con una nitidez desarmante en un recorrido que pasa por Japón, Francia, Austria, Gran Bretaña o México, y donde nos topamos con Proust, Renoir, Hitler, McArthur o Dreyfus (aquel que hizo exclamar el J’accuse a Zola). La narración es tan extraordinaria, tan preciosista, tan cercana (360 páginas que se devoran) que cuando llega a las puertas del campo de concentración de Dachau es difícil no emocionarse. De los relatos de no-ficción editados en España en 2012 (aunque el original se publicó en 2010) resulta casi imposible no enamorarse de este, una historia durísima y jodidamente bella, como la vida misma.
 
Worth dying for, de Lee Child

A veces existe la tendencia a excusarse (sobre todo en ciertos círculos) cuando a uno le pillan leyendo Stephen King, John Grisham o Lee Child. Da igual que los tres sean magníficos escritores, el hecho de que vendan millones ya los hace adalides de la comercialidad y culpables del declive de “la buena literatura”. A King y a Grisham ya los tenemos muy vistos, sin embargo a Child le ignoramos con elegancia. La cuestión es que este último es probablemente uno de los mejores escritores de género negro a ambos lados del Atlántico (con el permiso de Dennis Lehane, que ahora parece estar a otra cosa, y Jo Nesbo, que es igualmente magnífico) sin ni siquiera pretenderlo (él niega ser escritor, dice que lo que quería ser es millonario). Si Chandler tenía a Marlowe y Hammet a Spade, Child tiene a Jack Reacher. Reacher es un tipo calvo, de dos metros, que pesa 120 kilos y vive como un vagabundo pero que es más listo que Sherlock Holmes. Expolicia militar y poco amigo de las florituras, Reacher es como un tren de mercancías sin frenos: una vez en marcha pararlo es imposible. En su última entrega el gigante se enfrenta a un grupo de mafiosos pero esto es lo de menos: lo grande de Reacher no son los conflictos en los que participa, sino lo expeditivo que puede llegar a ser. Prosa seca (no al estilo de James Ellroy, que parece haber perdido la pista a los signos de puntuación), viva, violenta como un cabezazo. Ahora estrenan Un disparo, con Tom Cruise de Reacher. ¿Quién dijo miedo? (Los interesados pueden empezar con Un disparo, publicado por RBA).
 
El avispón negro, de James Sallis

Muchos/as (más muchos que muchas) adoran a Sallis por su magnífico Drive, aquel relato donde un tipo que no viene de ningún lado (aunque en el libro se supiese más de él que en la adaptación cinematográfica) y que no empieza las peleas pero que se dedica acabarlas. Sin embargo —para el que firma— la auténtica joya de Sallis no es otra que la saga dedicada al detective negro Lew Griffin. Comparado con Chester Himes o con Mosley, lo cierto es que la criatura de Sallis es otro de esos tipos duros al que diferencia del resto con una prosa deliciosamente directa (“en la comisaría me quitaron las esposas, me dieron café y durante horas, cambiando de jinete de vez en cuando, aunque siempre montando la misma jaca vieja y cansada, jugamos a ¿cuál es la naturaleza exacta de su relación con la difunta”), y una personalidad de malote de Luisiana con un código de honor cercano al de un samurai. Las obras de Sallis, que nunca llegan a las 200 páginas, quizás rindan homenaje al pulp de toda la vida pero son de una calidad orgásmica. No podía ser menos en manos de un hombre que es novelista, poeta y músico y que creció en Nueva Orleans.
 
Gone girl, de Gillian Flynn

Una de las novelas del año en Estados Unidos, de manos de un autor que ya prometía con Sharp objects. Aparentemente convencional (una mujer desaparece un día sin razón aparente con la —obvia— desazón de su marido) el relato pronto descarrila para meterse por caminos más oscuros que los pasillos de Carretera perdida. Tomando como axioma aquello de “¿cuánto conoce realmente a su pareja?” Flynn empieza un viaje con tanta mala baba que lo de leer la siguiente página se convierte en algo parecido a un ataque de ansiedad. La desaparición de la esposa, la extraña (re)definición que supone para él encontrar los diarios de su mujer (y descubrir que quizás hubiera sido mejor degollarse con la cuerda de un piano) y los atajos que toma el relato para no acabar nunca en el lugar previsto convierten a esta novela en un best-seller de los buenos. Por cierto, una pista (sin spoilers): qué cabeza tiene la señora. Se publicará en 2013 en España, seguro. Espléndida.
 
Building stories, de Chris Ware

Los suscriptores, amantes o compradores ocasiones de McSweeneys (aquella alucinante revista conducida por Dave Eggers) recordarán seguro el trabajo de Chris Ware para su especial sobre la novela gráfica estadounidenses. A Ware no le vamos a descubrir ahora: en el año 2000 ya demostró que era un maldito genio con Jimmy Corrigan, uno de los cómics más brillantes que nos ha regalado el siglo XXI, una preciosa combinación entre continente y contenido que hizo babear a geeks (militantes y ocasionales) de todo el mundo. En 2005 repitió con The Acme novelty library, otra maravilla, quizás más temperada (por menos ambiciosa) que Corrigan pero igualmente estupenda. Y ahora, en 2012, ha repetido (y superado para el que esto firma) la cima que él mismo conquistó hace más de una década. El libro se llama Building stories y es exactamente eso: un libro para construir historias. Escogido en todos los Top10 del año para todo el mundo (igual exagero pero no demasiado) la caja que contiene las piezas de este libro (?) se divide en una veintena de partes distintas que sirven para contar infinidad de historias que versan en torno a un edificio de Chicago y sus inquilinos. Esta interacción (salvaje) con el lector es la prueba definitiva del inmenso talento de Chris Ware. Una maravilla, sin más.
 
Coronado, de Dennis Lehane

Iba a finiquitar esta lista con el Live by night de Dennis Lehane, que es un libro magnífico, sin embargo, y como parece obvio que todos/as van a adquirirlo después de esa novela imprescindible llamada Cualquier otro día, he preferido recomendar un pequeño prodigio que responde al nombre de Coronado. Este libro es en realidad una recopilación de cinco relatos cortos (espléndidos a la par que deprimentes, no aptos para espíritus sensibles) que remata el autor con una obra de teatro —que le da título al libro— llamada Coronado. El libro es, simple y llanamente, la demostración de que Lehane es un tipo que ya puede presumir de dominar con maestría todos los formatos. De hecho, el libro tiene ya seis años, cuando el escritor andaba trasteando con una serie llamada The Wire y aprovechaba sus ratos muertos para afilar la pluma. Puestos a recomendar, Nos quedamos sin perros, uno de los cuentos que integran el libro, es una gozada. Las otras 150 páginas, también. 

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