viernes, 19 de febrero de 2010

Las verdades del mundo editorial.

Hace un tiempo, y con motivo de la celebración del primer aniversario de su editorial, Legados Ediciones, mi amigo Agustín Sánchez Antequera envió una carta abierta en que explicaba las dificultades y vicisitudes con las que se enfrentan los editores modestos a la hora de intentar publicar y distribuir obras de autores noveles.
El tema me resultó muy interesante, porque desde el punto de vista del consumidor de libros y del comprador en megacentros culturales o grandes librerías (el mío), muy pocas veces nos llegamos a enterar de los problemas de las pequeñas editoriales.
Ésta es la carta:

CONCLUSIONES SOBRE EL MUNDO EDITORIAL TRAS UN AÑO CON LEGADOS.
(No siempre ocurre así, advierto, pero es la regla general).

- Los libreros no cogen nuestros libros, prefieren los que se venden como churros. No hablo sólo de las grandes superficies comerciales, sino de pequeños libreros que van con la bandera de "alternativos" por la vida.
- Las distribuidoras no distribuyen lo que no es comercial. Muchas veces las propias editoriales distribuyen por su cuenta, porque no se fían, aún cuando tengan una distribuidora a su servicio. No hay más que ver los catálogos de un distribuidor: Códigos da Vinci, Los caballeros del Santo Grial, literatura erótica y libros fantásticos para adolescentes.
- Los medios de comunicación no promocionan más que lo que les reporta beneficios a sus propias empresas de comunicación. Sólo en los blogs y revistas virtuales se puede tener un cierto eco.
- Algunos periodistas nos piden dinero a cambio de una reseña. Eso se llama publicidad, no periodismo. A un periodista debe pagarle su medio, igual que a nosotros nos deben pagar los lectores.
- Los medios sobreviven gracias a la publicidad. Es otro tipo de autoedición (para aquéllos que son críticos con la edición de autor, habría que mencionarles la cantidad de dinero que les dan a los grandes periódicos los anuncios de prostitución que ayudan a sostener a las mafias que luego ellos critican).
- Algunos jefes de redacción revenden los libros no reseñados en sus medios (al menos 100 títulos a la semana) a libreros y así se sacan un dinero extra (300-400 euros a la semana). No lo hacen ellos directamente, son tan cobardes que mandan al portero o al vigilante de la empresa.
- Los críticos tampoco se interesan más que por aquéllo que publican sus amigos literarios. Incluso llegan a tener muchos problemas para publicar sus reseñas cuando son demasiado “alternativas”.
- El público prefiere gastarse 20 euros en libros comerciales antes que 8-12 euros en un libro de un autor que está empezando. Y contra eso pocos argumentos se pueden ofrecer cuando una editorial pretende sobrevivir gracias a sus ventas sin más ingresos que los de sus lectores, sin subvenciones ni autoedición.

No siempre es así: hay buenos lectores, libreros, periodistas, críticos, blogueros y distribuidores que están interesados en la buena literatura y con ellos colaboramos. Pero, por desgracia, son una minoría.
Esto es un supermercado que poco tiene que ver con la cultura. Eso sí, a todos estos gremios se les llena la boca al declararse los grandes defensores de la “Cultura”.
Contra esta manipulación, sólo quedan las redes sociales alternativas, especialmente Internet. Aunque ya hay intentos de control por parte de los estamentos oficiales.
Con estas circunstancias, es cada día más complicado resistir. Pero seguiremos intentándolo.

Agustín Sánchez Antequera, editor.
www.legadosediciones.com

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